Este es un Camino diferente: aquí no encontrará mesetas interminables, alturas desafiantes ni cuestas empinadas como en la ruta francesa. El Camino de Santiago portugués es una ruta suave y humana, que serpentea entre bosques, antiguas cruces de piedra y aldeas que aún susurran las canciones de los antiguos trovadores y las cantigas de amigo, canciones de amor y maldiciones de Martín Codax o Mendiño. Es un itinerario que invita a caminar sin prisas, a saborear el paisaje y a coleccionar estampas... y recuerdos.
Una historia que revive
En el siglo XX, la ruta experimentó un cierto estancamiento con el auge del santuario de Fátima, que atrajo la atención de muchos devotos. Pero el espíritu jacobeo nunca se perdió: la devoción al Apóstol resurgió pronto, y con ella el posicionamiento internacional del Camino Portugués, ahora elegido por peregrinos de todo el mundo que buscan autenticidad y buena logística.
Dos caminos que se abrazan
La ruta ofrece dos desvíos complementarios:
Camino Portugués por la costa: desde Oporto, bordea el Atlántico, entra en Galicia por A Guarda y pasa por Baiona y Vigo antes de unirse al Camino Portugués en Redondela. Pasarelas de madera, brisa marina y puestas de sol hacen de este itinerario un deleite para los sentidos.
Camino Portugués (variante interior): cruza a Galicia por Tui, la opción más popular. Pasa por O Porriño, Redondela, Pontevedra, Caldas de Reis y Padrón antes de llegar a Santiago para el abrazo del Apóstol.
Ambas alternativas comparten un recorrido suave por senderos mágicos que atraviesan bosques, casas solariegas y fortalezas, cruzando ríos por puentes medievales. La señalización es clara, sobre todo en Galicia, y la red de alojamientos -públicos y privados- crece año tras año, con una alta densidad a partir de Oporto. No está masificado (salvo en los picos estivales), presume de una gran belleza natural y, además, permite atravesar dos países en un mismo viaje: razones de peso para elegir la ruta portuguesa a Santiago.
La Variación Espiritual: Del Camino al Mar
Al llegar a Pontevedra, muchos peregrinos se desvían por la Variante Espiritual, que conecta con la Ruta de la Traslatio, el itinerario que, según la tradición, siguieron los restos del Apóstol. Hay tres etapas: Armenteira, Vilanova de Arousa y el remonte en barco por la ría y el río Ulla hasta Pontecesures, guiado por 17 cruces de piedra en un Vía Crucis marítimo-fluvial único, antes del tramo final hasta Compostela. Una experiencia diferente que añade misticismo y belleza a la peregrinación.